LAS OBSESIONES DEL GUITARRISTA

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Se sabe de las manías y obsesiones de los músicos, relacionadas con aspectos de su instrumento: sonido, sensación física, etc., las baquetas en los bateristas, las cañas en los saxofonistas, las púas, o cuerdas en los guitarristas.

Es curioso que al poder comunicarnos con alguno de nuestros admirados Ídolos, en lugar de preguntar sobre aspectos relacionados con la creación, la interpretación, etc., normalmente las preguntas están más relacionadas con el calibre y tipo de cuerdas que utiliza, el tipo de púas, material, grosor, etc.

Supongo que siempre guiados por el deseo de sonar tan bien como suenan nuestros músicos favoritos en los discos.

Sin embargo, es común reflexión el hecho de que el sonido está en las manos del músico, de ahí ese símil que habitualmente utilizamos con respecto a esta cuestión: “No es la flecha, no es el arco, es el indio!!”

Una obsesión que me ha marcado por años es la sensación derivada del tipo de puente que monta la guitarra eléctrica, flotante, o fija, atornillada a la caja del instrumento, y en el caso de puentes flotantes, de madera, o metálicos con ajuste individual.

El sonido es bien diferente, por ejemplo en puentes flotantes de madera no se recomienda montar una tercera cuerda sin entorchar, pues genera problemas de afinación y entonación. Efectivamente es así, pero siempre hay excepciones a la regla, y por ejemplo Jim Hall usaba puente flotante de madera, con la tercera cuerda sin entorchar, en concreto un juego de cuerdas bastante light para un intérprete de Jazz, 0,11/0,50.

En mi caso, la obsesión es más bien la sensación de tensión que produce uno y otro tipo de puente, y como esa tensión facilita o dificulta ciertos aspectos de la interpretación.

Cuando usaba guitarras con puente atornillado y ajuste individual metálico, tenía un sonido más versátil, pero en ocasiones sentía un ataque excesivamente blando, especialmente en situaciones de directo. Me convencía de que estaría más cómodo con un puente flotante, que se adaptaba más a mi forma de tocar, y generaba un tipo de tensión  más idóneo que facilita ciertos aspectos técnicos de mi interpretación. En ocasiones era así, y en otras echaba de menos el puente fijo.

Con los años me he relajado bastante con todo esto, y empiezo a sentir que todo está en la cabeza, pero siempre queda esa impresión, relacionada con las obsesiones que citaba al principio del texto. Seguro que no es la flecha, es el indio, y esta frase da para pensar y profundizar bastante.

Han sido varias las ocasiones en las que he visto a grandes músicos adaptarse al instrumento que en ese momento podían prestarles, por circunstancias diversas, y han sonado como si tocaran con su instrumento habitual, y eso también lleva a una reflexión profunda sobre donde ponemos el foco.

Aquí dejo estas reflexiones, y os invito a participar en el debate, a ver cuáles son vuestras impresiones.

Joaquín Chacón
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